Atmabhava1

 De las enseñanzas de Swami Niranjanananda Saraswati

Atmabhava es la capacidad de verse reflejado en otra persona. La gente ve su reflejo en su descendencia y está conectada con ellos, simpatiza con ellos, los ama y cree que el niño es de ellos porque nació de su vientre. Ellos son capaces de ver un reflejo de la naturaleza de su alma en ese niño. Sin embargo, cuando son capaces de ver su reflejo en todos, se llama atmabhava. El servicio es más eficiente cuando hay atmabhava.

Un incidente en la vida de Swami Sivananda ilustra el sentimiento de atmabhava. Un día, un peregrino que se dirigía a Badrinath se acercó a él. En aquellos días no había carreteras ni automóviles, solo carretas de bueyes y las dos piernas del peregrino. Ese peregrino en particular estaba enfermo. Vino al dispensario de Swami Sivananda, describió su problema y Swami Sivananda le dio algunos medicamentos. El peregrino siguió su camino. Tres horas después, Swami Sivananda sintió que la medicina que le había dado no era la adecuada y que, en cambio, se le podría haber administrado una mejor. Llamó a Swami Satyananda y le dijo: "Localiza a ese peregrino y dale este medicamento porque es el mejor. Le he dado el medicamento equivocado". ¡Esta no fue una tarea fácil para Swami Satyananda!

Yoga peligro mortal y por qu hago esta revista

 

Por Verónica Ancery

Fui a mi primera clase de yoga en el año 1996, en el garaje de una casa en el barrio de Turdera. Estaba buscando una actividad que me ayudara a aliviar mis contracturas crónicas. Yo no sabía nada de yoga, solo que era una actividad que se recomendaba mucho para aliviar el estrés y que tenía, según se decía, alguna relación con lo espiritual. Cuando llegué, la profesora me explicó que daba hatha yoga y acto seguido, comenzó la clase. Mientras la hacía, pensaba: “esto no es ejercicio, yo puedo hacer mucho más; esto no me cansa”; como si cansarme fuera la solución que buscaba para mis contracturas. Por momentos me dejaba llevar por la suave música de fondo, música “yoguística de la nueva era” que apaciguaba mi monólogo interior. La clase terminó y volví a casa sin saber si iba a ir a otra clase porque realmente sentía que no había hecho nada. Al día siguiente, me levanté y fui a comprar el diario al quiosco que había a una cuadra de mi casa. ¡Fui renguenado todo el camino de ida y de vuelta! ¡Me dolía todo, hasta ese momento no me había percatado de los tantos músculos que el cuerpo tiene!